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La US news publica con frecuencia artículos sobre la reforma y apertura cubanas, que el gobierno comunista está adoptando la libre empresa. Pero es más un sistema mafioso de favores y sobornos, que un lugar floreciente de la libre empresa.

El día que Cuba se reforme es el día en que cualquier persona pueda tomar un avión desde Miami a La Habana y luego caminar por la calle usando una camiseta con una foto de Castro (cualquiera) que diga: “Jesús te ama, el resto del mundo piensa que eres un huevón.”

¿Es importante que Cuba permita la práctica de la religión y escriba una prohibición contra la discriminación religiosa dentro de sus leyes? No si el permiso se concede únicamente a aquellos que se mantengan reservados sobre sus creencias. Profésate abiertamente, o participa en protestas relacionadas con tus creencias, y prepárate para ser etiquetado como enfermo mental o ser lanzado a la cárcel. Y, por desgracia, en ocasiones, las propias iglesias sostienen o al menos se hacen de la vista gorda frente a las acciones del gobierno, como el caso de un número de manifestantes que fueron llamados delincuentes y enfermos mentales por un Arzobispo de la iglesia.

Incluso el Washington Post ha llamado al Arzobispo de La Habana, un socio de Raúl Castro. Es muy frecuente el caso de que, por unos pocos favores, el mundo esté dispuesto a hacerse de la vista gorda ante una práctica opresiva. Se liberan a algunos prisioneros, y el estado totalitario es libre para continuar la intimidación y la información errónea acerca de los manifestantes que, simplemente, no sienten que necesitan el permiso del estado para asistir a la iglesia.

Érase una vez, cuando Fidel Castro aún tenía el “factor cool”, aseguró que sería un error asesinarlo debido a que su hermano Raúl era mucho más radical. Que Cuba está intolerablemente descompuesta, con numerosos ciudadanos hambrientos, durmiendo en viviendas infestadas, y ahora el purista de los puristas, Raúl, se ha visto obligado a abrir el comercio de forma exigua, al igual que los cerdos de Rebelión en la Granja vendían sus productos al enemigo humano, con el fin de mantener la ilusión de la productividad.

Clavar un tenedor en esto, está muerto.

Unos pocos permisos para vender autos y algunos terrenos para los antiguos empleados del gobierno, es peor que ninguna reforma en un caso como este. Se convierte en el amiguismo institucionalizado, y la mayor parte del mundo exterior lo aplaude. Los negocios parecen abrirse, pero entonces, como el hombre de negocios británico que deseaba construir un curso de oro fuera de La Habana, se encuentra a sí mismo en medio de un escándalo de soborno que después atemoriza a la nueva inversión extranjera.

–Nombre reservado

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