En la ciudad de Trinidad, en la región central de Cuba, en una hermosa casa colonial cuidadosamente remozada situada en la calle Real (rebautizada por alguien Jesús Menéndez), existe una verdadera “caja de seguridad” del patrimonio nacional. La casa, amplia, construida en forma de “U”, con un patio central que termina en una alta tapia de piedras, teniendo a ambos lados numerosas habitaciones, guarda muebles de estilo y camas de bronce de los siglos XVIII y XIX, pero lo más interesante lo constituyen las decenas de imágenes religiosas de todas las formas, tamaños, estilos y materiales, debidamente restauradas o en proceso de ello, que atesora.

Su dueño, un cubano preocupado por la pérdida de las mismas, ante la depredación de nacionales y extranjeros para convertirlas en moneda constante y sonante, se dio a la noble tarea de rescatarlas de casas de familias, venidas a menos en la vorágine social, y de iglesias destruidas o abandonadas en el territorio, mediante su compra, pagando a veces más de lo que ofrecían los “presuntos compradores”, a quienes las poseían o guardaban, con el único objetivo de evitar que fueran sacadas del país, legal o ilegalmente, y Cuba perdiera este valioso tesoro. Para lograrlo, ha utilizado parte de las ganancias obtenidas por la venta de sus obras plásticas, pues estamos hablando de un internacionalmente reconocido pintor, radicado fuera del país quien, calladamente, como preconizara José Martí, ha hecho y hace más por la cultura nacional, que muchos de los que aparecen todos los días en los medios de comunicación masiva, pregonando su defensa de lo cubano.

Recorrer la casa es trasladarse en el tiempo a la época colonial y descubrir habitaciones repletas de imágenes, colocadas en los más disímiles espacios, tanto a ras del piso como en las paredes o colgando del techo, así como encontrarlas en cualquier lugar (sala, comedor, baño, pasillos), muchas de tamaño natural, formando parte de la familia del artista que reside en ella, dándoles protección y mantenimiento.

Esta riqueza cultural, acumulada durante años, restaurada, cuidada con dedicación y esmero y salvada de la destrucción, espera por los venideros días de refundación de la nación, para regresar a las viejas iglesias reconstruidas o a las nuevas, o  pasar a formar parte de los fondos de algún museo religioso o institución.

Por Maribel Rodríguez

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