A la mayoría de los creyentes suele resultarnos fácil citar textos bíblicos para ejemplificar modos de vida o de conducta, nos es  tan simple hablar de Jesús, de su extraordinaria vida como ser humano entre nosotros y su valor de humildad, amor, piedad y tantas cualidades que nos exhorta sigamos y practiquemos en nuestro entorno. Mencionar a los héroes de la fe es algo habitual entre nosotros y también  hacer gala de las victorias que en el pasado ellos nos legaron. Pero, ¿estamos viviendo cabal y conscientemente cada uno de los preceptos que guiaron a esos hombres  y mujeres del pasado?  ¿Estamos siendo lo uficientemente originales y capaces como para vivir vidas que marquen y trasciendan a nuestra generación? ¿Es nuestro comportamiento como cristianos digno de ser imitado?  ¿Es nuestro aporte a la sociedad en la cual vivimos digno de aquel que ofrendó  a la humanidad el más grande de todos los sacrificios conocidos _su propia vida para dar vida plena, abundante y eterna_ a todos y todas, sin importar, raza, condición social, sexo, nacionalidad, cultura, etc.?  ¿Cuál es el rol que Dios nos está demandando? ¿Cómo demostramos a cada miembro de la sociedad en la cual vivimos y que anhelamos alcanzar para Cristo, que somos completamente  libres y que hacernos dueños de esa libertad es precisamente lo que nos hará dueños de nuestro país, de nuestra humanidad y de nuestros derechos?

Alcanzar el conocimiento, entendimiento o comprensión de la Verdad, nos dará la libertad de la que gozó Jesucristo y que golpeó tan duramente a los poderes de su
tiempo. El dice en el Evangelio de Juan capítulo 8, verso 32: “Y conoceréis la
verdad y la verdad os hará libres”. La verdad está asociada al conocimiento de
su Palabra, pero a tal punto que ya no seamos solo oidores de ella, sino que
permanezcamos en ella, que la bebamos toda y nos transformemos a ella,
adquiriendo un modo de vida genuino, que marque la diferencia, que nos lleve a
ser discípulos de Jesús, libres  del pecado y también de los poderes de este mundo. Nuestra vida estará sujeta solo a aquel que nos la ha dado, quizás corramos la misma suerte que él, pero una vez que somos libres, estamos despojados de miedos y de dudas. No podemos olvidar que los religiosos de los tiempos de Jesús se autoproclamaron  libres, “seguidores de Abraham”, pero el impacto de la Palabra poderosa, verdadera y fuerte de él, no tuvo cabida entre ellos. Dios puso sus poderes en total evidencia, demostró quiénes eran y a quien respondían. El paso de Jesús por este mundo se hizo sentir y estremeció hasta los más profundos cimientos a los religiosos judíos y  a los gobernantes romanos.

La Palabra de Dios ha sido utilizada a través de  los siglos por los grupos de poder para manipular y someter a los pueblos: Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, es uno de los versos más usados  para mantener bajo el yugo de la esclavitud a las mayorías. Tanto el poder religioso, como el político, cada cual buscando lo suyo, tal vez Pablo se refería a ellos cuando dijo en la Primera Epístola a los Corintios 7:23: “…No os hagáis esclavos de los hombres”, y en todo momento nos exhortaba a mantener nuestra libertad, esa que Cristo logró a precio de su propia sangre: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo  nos hizo libres y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud” (Gálatas 5:1). Pablo sufrió persecución y prisiones, la Palabra de Dios siempre ha sido el sólido muro  contra el que han chocado los discursos llenos de hipocresía de los endiosados tiranos, ya sean religiosos o políticos, pero Pablo advirtió que él solo era preso de Cristo porque ningún ser humano en este mundo podía aprisionar su libertad.

En los capítulos 12 y 13 de la Epístola a los Romanos, Pablo nos enseña acerca de
nuestras obligaciones morales (cap. 12) y luego nos indica cómo debe ser nuestra actitud hacia las autoridades, dicho sea de paso, texto también muy manipulado por algunos  gobernantes para su propio beneficio. En esta porción se destacan dos puntos importantes: uno, que nuestra actitud hacia ellos debe ser de sumisión y dos, que los gobiernos están instituidos por Dios.

Pareciera que la oposición a nuestros gobernantes, es  equivalente a nuestra oposición al mismo Dios y pareciera más, que Dios está en contubernio con las tiranías para castigar a través de ellas a los pueblos. Pero Pablo dice claramente que quien gobierna es “un ministro de Dios para bien”, no me caben en esta definición regímenes como
el de Adolfo Hitler en Alemania, Mussolini en Italia, Franco en España y otras
dictaduras acá en el área de América Latina, sin dejar de incluir la que mal
gobierna a Cuba hace ya varias largas décadas.

El autor John H. Yoder en su fabuloso libro: Jesús y la realidad política, expone:
“Los gobernantes están para regir, guiar, cuidar, proteger, suplir, servir (…)
Pero estas estructuras no sirven al hombre como deberían hacerlo. No lo
capacitan para vivir una vida genuinamente libre, humana, amante. Se han
absolutizado a sí mismas y demandan una lealtad incondicional del individuo y
de la sociedad. Dañan y esclavizan al hombre. No podemos vivir con ellas.
Mirando la situación humana desde adentro, no es posible concebir cómo el
hombre, una vez sujeto incondicionalmente a estos poderes, puede volver a ser
libre.” (editado por Ediciones Certeza, pp. 107)

Jesús nos demostró cómo vivir en libertad, zafados de las ataduras que nos impone
este mundo y que obstaculizan la realización de una vida plena y digna, él nos ha otorgado esa vida, nos ha mostrado la justicia verdadera y perfecta, la cual debemos seguir y procurar en nuestra sociedad, y  anhelar para todos, sin distinciones de ninguna índole. Su propia actitud presta a servir a los más necesitados, a los golpeados y pisoteados por quienes ostentaban el cetro, el no bajar la cabeza ante ninguna autoridad humana que se interpusiera a sus planes divinos de redención, lo colocó en la misma mirilla de políticos y religiosos. Como dijeran los apóstoles Pedro y Juan al Concilio (Sanedrín) luego de ser apresados: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29).

Es imprescindible alcanzar esa libertad ya conquistada por nuestro Redentor. Es necesario que cada creyente cubano tome la plena conciencia del papel que debe jugar dentro de esta sociedad azotada por los vientos inclementes de una
dictadura endiosada, que reclama para ella los vítores y loores que como cristianos solo le debemos a Jehová. Demostrar quién es el que vive en nosotros, no con simples palabras que se las puede llevar el viento o el
olvido, sino con hechos; nada mejor que comenzar por transformarnos en una
comunidad indestructiblemente unida, que apoye y defienda a sus miembros, sin
importar cuáles sean los costos materiales, desaferrarnos de las estructuras
institucionales y priorizar el elemento humano, sosteniéndonos y prefiriéndonos
unos a otros, para que el resto del pueblo de Cuba crea. Rompiendo con los
mandamientos del régimen y creando un cuerpo donde quepan todos, sin tener que
llevar el sobrenombre de revolucionarios.

Sería lamentable y triste que se repitiera en nuestra patria lo que aconteció en los
tiempos de Jesús y que se ha reiterado vez tras vez en la historia humana,
Yoder nos lo enfoca a mi juicio muy acertadamente: “En la muerte de Jesús se
confabularon los poderes de la religión judía y de la política romana.” (Ídem.  Al anterior pp. 110). Siempre los poderes de este mundo actuando en contraposición a la verdad y queriendo desarmar a los pueblos de la libertad que Dios les ofrece. Cuánta oscuridad y qué siniestros  llegan a resultar estos ídolos, estas figuras del poder y cuánto puede enfermarse el ser humano que los ostenta. Jesús era más libre que sus captores, aun cuando estos lo llevaron a la muerte. Seamos tan libres como nuestro
Salvador.

Como creyentes solo debemos total obediencia a Dios, que nadie se confunda, no
siempre bajaremos la cabeza y mucho menos ante mandamientos arbitrarios,
contrarios a nuestra dignidad, a nuestros principios morales y cristianos. En
obediencia a Dios lucharemos por tener un país mejor y procuraremos en todo
tiempo el bienestar de nuestros conciudadanos. La puerta de la salvación
siempre estará abierta para todos, jamás preguntaremos cuál es el credo
político de quienes quieran aceptar a Jesús, porque los credos políticos se
hacen secundarios ante la condición de hermandad que une a los hijos de Dios.
Mi mayor anhelo es ver en Cuba a una iglesia verdaderamente redimida,
emancipada de los poderes humanos que intentan doblegarla. Una iglesia que no
hace pactos con los falsos dioses de este mundo y que solo obedece a su Dios,
que no permite  ser permeada por los dictadores, para así lograr lo que nos sugiere
Berkhof:”Toda resistencia y todo ataque contra los dioses de este siglo
será infructuoso, a menos que la iglesia sea ella misma, resistencia y ataque,
a menos que demuestre  en su vida y en su comunión cómo pueden vivir los hombres liberados de los poderes” (Ídem. Al anterior pp. 112).

Por: Yoaxis Marcheco Suárez

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