Durante el curso de la historia, determinados conceptos forman parte imprescindible del comportamiento social en cada pueblo o región. Mi país no es la excepción; cultura, raza, política y religión, más que mezcla, crean conflicto y confusión.

Soy yoruba, vivo en Cuba, y sé que mi religión ha sido confinada, antes a los barracones y ahora a barrios marginales. La discriminación religiosa es tan sutil como un cañón; solo hay que salir a pasear con deseos de curiosear, y conversar. El negro cubano se ve a sí mismo cubano, y luego negro; el blanco cubano se ve a sí mismo cubano, y luego blanco; pero existe una sutileza racial en todo esto, el blanco cubano ve al negro cubano como negro, y luego como cubano. No hay muchos negros sentados en los pulpitos o bancos de los templos, ermitas, sinagogas o iglesias.

El racismo es una ideología de intolerancia y exclusión que tiene como base la ignorancia y la mala intención. Parte de utilizar rasgos visibles de personas para justificar y acentuar sus diferencias sociales y religiosas.

Desde tiempos inmemoriales, los censos publicados por los diferentes gobiernos han sido manipulados usando conceptos errados para identificar a los negros por el ancho de su nariz, el ensortijado de su pelo, la religión que practican, o el color de su piel. La cúpula blanca y racista solo intenta europeizar nuestras raíces africanas y religiosas para hacernos parecer más finos, o más educados. Y los medios de difusión masiva, partes del mismo Estado, repiten el estereotipo de “El negro” ladrón, bruto, bailador, apestoso o jinetero, siempre portando vestimenta estrafalaria  con coloridos collares u otros tantos atributos que son vistos como “adornos de una secta” y no objetos religiosos.

Hay lugares en el mundo donde existe segregación por racismo, o por religión; pero en Cuba coexisten ambas. Y aún hoy, quienes pretenden hablar sobre el tema, que es un viejo tabú entre cubanos de aquí o de allá, son automáticamente acusados de conflictivos o racistas.

Ganar espacio a costa de ceder terreno o maniobrar con feligreses, es lo mismo que engañar. Para cambiar las perspectivas, se nos hace necesario modificar nuestro punto de vista, entender que las dificultades facilitan el camino a los problemas, y aceptar que es irreal hablar hoy de Libertad, de Estado,  y ni siquiera de Nación, sin antes sentarnos a debatir seriamente sobre raza, etnia y religión. Temas que son tan seguros como pasear por Bagdad.

Publicado por: Hombre de Verde olivo

Anuncios