Sin cruz no hay gloria ninguna,/Ni con cruz eterno llanto;/Santidad y cruz es una;/No hay cruz que no tenga santo,/Ni santo sin cruz alguna.

Lope de Vega

No me mueve, mi Dios, para quererte/ el cielo que me tienes prometido,/ ni me mueve el infierno tan temido/ para dejar por eso de ofenderte.//Tú me mueves, Señor; muéveme el verte/ clavado en una cruz y escarnecido;/ muéveme ver tu cuerpo tan herido;/ muévenme tus afrentas y tu muerte.// Muéveme, al fin, tu amor, y en tal manera, que aunque no hubiera cielo, yo te amara,/ y aunque no hubiera infierno, te temiera.// No me tienes que dar porque te quiera,/ pues aunque lo que espero no esperara,/ lo mismo que te quiero te quisiera.

Teresa de Jesús

Voy a ver dónde es tu cielo,/ y dime tú si aquel es mi infierno.

Alain Garrido

 

La función real del teólogo genuino consiste en sistematizar los diversos, y muchas veces hasta dispersos, criterios de la fe o las creencias, no nacidos necesariamente en él, sino en una determinada sociedad, o estrato de esta, que los cultiva y pone de manifiesto mediante cualquier modo de emisión sígnica. Esta ardua tarea la realizará a partir de materias primas tan elaboradas como lo pueden ser los grandes libros sagrados y sus disímiles interpretaciones, o de otras aparentemente tan sencillas como podrían serlo simples ceremonias totémicas del Amazonas.

La recopilación de tales criterios a niveles globales y dentro de la incipiente teología de las religiones  permite afirmar que independientemente del sistema religioso al que se adscriba un individuo, todos los creyentes del mundo (¿y acaso habrá quién en el fondo no lo sea?) podrían dividirse entre los que profesan una fe altruista, constructiva y edificante; y aquellos que la ejercen como respaldo a un modo de vida pesimista, egoísta o con tendencias al fanatismo y a la superstición. Esto, a fuer de que se convenga en que algunos grupos o movimientos religiosos sean más tendientes a una u otra de estas posiciones: es perfectamente posible encontrar creyentes optimistas y positivos aún dentro de los grupos más retrógrados, y viceversa. Siempre puede existir la religión pura y sin mácula, parafraseando a Santiago, como también la señal de la vida puede aparecer en las condiciones más disímiles de precariedad.

Tales expresiones podrían ser identificadas dentro del variado entramado de la religión cristiana en las denominadas teologías motivadas por la gloria y las motivadas por la cruz, concebidas como modos contrapuestos de percibir la fe en Jesucristo. En las primeras y tal y como su nombre lo indica se sistematiza bajo la motivación de que se cree a cambio de lo que se espera recibir (el paraíso) o de lo que se intenta evitar (el infierno); al margen de que tales estados se conciban más o menos literales o alegóricos. En las segundas se trata de lo que se ha de entregar sin que medien otros intereses que no sean sacrificio voluntario en aras de un bienestar ajeno o común, estigmatizado por el hecho núcleo que constituye Jesús de Nazaret en su insuperable kenosis que abarcó un desplazamiento tan gigantesco e intradimensional como el que puede ir desde la gloria suprema hasta el staurus o vil madero de tormento. En una o en otra de las dos tendencias teológicas podrían insertarse cada uno de los grupos o movimientos cristianos durante sus ya dos mil años de historia entretejida.

Grupos tan disímiles como el de los Estudiantes Internacionales de la Biblia devenidos Testigos de Jehová o como la Iglesia de los Santos de los Últimos Días (Mormones) podrían incluirse a primera vista entre los fraguados en un ambiente teológico de expectante gloria; y otros como las ordenes San Francisco de Asís o Santa Teresa de Jesús entre los motivados por una vía crucis. Movimientos contemporáneos tan variados como el de los Neocatecúmenos, el Opus Dei, la Iglesia de la Unificación, la Ciudad de Dios, la Familia del Amor, los Legionarios de Cristo y la denominada teología de la prosperidad o movimientos de fe serían fácilmente demarcables como exponentes de quienes son movidos por un anhelo de gloria (si bien no una gloria tan ultraterrena como la que predican los primeros grupos mencionados); y otros como las denominadas  teologías de liberación y las teologías negras entre los identificados con la cruz. Sin olvidar que, independientemente de la tendencia grupal, es posible encontrar adherentes de cada uno de estos grupos o movimientos con estilos de vida arrastrados por una determinada gloria o por una determinada cruz; y que incluso dependiendo de la intensidad de sus influencias podrían llegar a ser agentes de cambio o moderación de la posición de su comunidad de fe; de manera que un grupo o movimiento que en una determinada época o localidad demostrara tendencias a la búsqueda de la gloria en detrimento de su entrega a la cruz puede muy bien en otro determinado contexto de tiempo o lugar manifestarse como más inclinado al sacrificio que a la búsqueda de los santos griales o los dorados. Podrían así atestiguarlo los originales y vetustos capotes mendicantes de los franciscanos contra sus modernas y lujosas capas; o las masivas, descontroladas y enajenantes esperas decimonónicas de la parusía final de Jesús por parte de grupos milenaristas tales como los Estudiantes Internacionales de la Biblia, herederos directos del millerismo, contra su presencia cada vez más relevante y activa entre los necesitados y olvidados pueblos del denominado Tercer Mundo ayudándoles a palear, o al menos abstraerse, de sus dolores.

Este último caso propuesto como ejemplo de la dinámica que acompaña a cualquier agrupación religiosa puede observarse perfectamente en el contexto cubano del que por cierto se desprende que esta dialéctica no se encuentra aislada sino en tensión constante con la del medio sociopolítico en que se desenvuelve la comunidad de fe. Nótense las conclusiones a las que arribaron especialistas del Departamento de Estudios Sociorreligiosos  respecto a este grupo y expresadas en Religión y cambio social: El campo religioso cubano en la década del 90[1]. Son breves notas al respecto pero resaltan enseguida por su contraste con lo publicado en La verdad sobre la secta Testigos de Jehová[2] y que bien podría clasificarse como una monografía ponzoñosa con sus 253 páginas y abundante material gráfico dedicados por entero a la agrupación, de lenguaje totalmente desdeñoso y sin posibilidad alguna de réplica, con el valor añadido de un sorprendente anonimato.  En la reciente investigación, a pesar de clasificar al grupo como organización peculiarmente contradictoria, posiblemente en mayor medida que otras expresiones y agrupaciones religiosas; se reconoce que durante la década del 90 ha habido una significativa variación en la dirigencia mundial y nacional de los Testigos; que sus publicaciones resaltan más bien los valores humanos; y que además se evidencia la voluntad de un entendimiento con las autoridades y el no uso de formas clandestinas, que han ido produciendo modificaciones en sus proyecciones sociopolíticas y posiblemente han flexibilizado sus normativas internas. Se revela además que sus principales dirigentes mundiales han visitado el país y se han entrevistado con las autoridades políticas.

Este ejemplo de los Testigos de Jehová puede demostrar las variaciones en la proyección socioteológica que puede ser capaz de experimentar un grupo religioso, que por supuesto tienen que ver con ese movimiento pendular entre una teología de la gloria y una teología de la cruz. Recuérdese que la historia de la iglesia en general, o las particulares de grupos, movimientos o individuos no son procesos en manera alguna lineales sino extremadamente ondulatorios y totalmente dados a las curvaturas: que en ellas son tan reales las cacerías de brujas, las inquisiciones y los dominus iesus como también lo son las reformas, las contrarreformas y los concilios vaticanos segundos.
Por supuesto, el ejemplo es pertinente para demostrar sobretodo que los contextos en que se desenvuelven los grupos también cambian, para bien o para mal, presionando de una u otra manera a las minorías que lo conforman. La tensión respecto a la agrupación Testigos de Jehová, si bien llegó a alcanzar posiciones extremas ilustra la relación Estado-Religión en Cuba de manera general. Por cierto, esta agrupación religiosa se encontraba inscrita en el Registro de Asociaciones desde antes del 59 y hoy todavía espera por su reinclusión todavía no llevada a efecto a pesar de toda la tolerancia o vista gorda del gobierno. Revísese cualquier texto oficialista cubano refiriéndose a la religión entre 1961 y 1992[3] y se encontrará un lenguaje predominantemente despectivo, o viceversa, analícese después de 1992 y se hallará un ambiente de supuesta tolerancia y en muchos casos hasta de elogio, diálogo e inclusión[4].  Sirvan para exponerlo un artículo del Granma contrapuesto con un texto tan común y sencillo como podría serlo el prólogo en 1962 a la primera publicación revolucionaria de la novela tolstoiana Ana Karenina, verdadero regalo de la Imprenta Nacional en una tirada de 50 000 ejemplares.

Las notas acerca de León Tolstoi y su Ana Karenina cumplían el rol, a la vez que de presentar la novela, de realizar una necesaria advertencia respecto a Tolstoi: su prédica de una de las cosas más repugnantes que existen bajo la capa del cielo, a saber: la religión[5]. Además de que inexplicablemente, y al igual que en el texto de 1977 referido anteriormente, tampoco se declara la autoría, sorprende de manera adicional la inserción en sus escasos pero cercenadores párrafos de frases tan hirientes como estas que no son identificadas como ajenas ni siquiera con simples comillas pero que resultaban proceder del propio Lenin, y muy a propósito de una de las áreas más limitadas de su pensamiento[6].
El artículo del Granma[7] por el contrario, a raíz de la visita a Cuba del Cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado del Vaticano y cercano colaborador del Papa Benedicto XVI, hace declaraciones tan diferentes a lo anterior como el reconocimiento de que una de las singularidades de nuestra cultura es que en ella está presente desde su momento forjador una ética de raíz cristiana. Hace referencias halagadoras respecto a la inclusión de la invocación a Dios en la primera Asamblea Constituyente a lo que no se opuso ni el mismo Manuel Sanguily, opositor en su tiempo del escolasticismo católico, pero no de la creencia en un ser supremo propiciando más bien la inclusión de su nombre en la Carta Magna. Incluso alude que en la historia de las ideas cubanas no ha existido antagonismo entre ciencia y religión, algo con lo que lamentablemente y en realidad no se puede estar del todo de acuerdo, y sobre todo si se hace una revisión de estas ideas entre 1961 y 1992. Pero incluso, y lo que más contrasta con todo el lenguaje de esa etapa, que realiza una declaración digna de ser incluida en cualquier manual de teología de las religiones, resaltante incluso por circunscribir en ella a todos los sistemas de creencias que se hayan concebidos sin excluir ni a las teologías de la gloria ni a las teologías de la cruz, al decir: Y es que todas las religiones se han fundamentado en la necesidad de la ética. Los creyentes pueden decir que los principios éticos constituyen un mandato de Dios, si es así, el Todopoderoso se fundamentó para la atención a los hombres en la moral, en la ética. No ha existido civilización sin religión porque no la habido sin ética. ¡Sin duda alguna flagrantemente contrastante con aquello de ser una de las cosas más repugnantes que existen bajo la capa del cielo!

 


Pero en fin, ¿cuál de las dos expresiones teológicas entredichas podría calificarse como modo positivo de sentir y vivir la fe cristiana y cuál como negativo y espurio? ¿La teología de la gloria o la teología de la cruz? ¿Y cuál es la gloria y cuál es la cruz en el modo de ejercer la fe en la Cuba de hoy?  
Para tomar partido habría que tomar en cuenta que no resulta tan fácil clasificar a un grupo, movimiento o individuo como exponente de una de estas dos posturas teológicas, habría que olvidar el péndulo que se mueve entre ellas. Algunos aparentan ideológicamente estar más inclinados a una de las dos tendencias pero en la práctica demuestran que se trata solo de apariencias y que son en realidad exponentes de la otra. Hay quienes utilizan una fraseología sacrificial pero en la vivencia demuestran actuar en pro de intereses glorificatorios. No es algo tan sencillo como revisar un catecismo o declaración doctrinal de fe y realizar un dictamen. Es la manera de materializar las ideas, lo que en lenguaje bíblico se denomina obras y frutos, donde se demuestra realmente si se anda en busca de la gloria o se vive cargando alguna cruz; perfectamente aplicable el por sus frutos los conoceréis[8] de Jesús. ¡Es preciso tener cuidado con los vocabularios! ¡Pero mucha, mucha atención a las huellas sociales! Por otra parte hay que tener en cuenta que se trata de sujetos complejos con elementos de gloria pero igualmente con elementos de cruz y que cual yin o yang resulta imposible encontrar el estado puro que permita afirmar este es cien por ciento cruz y este otro cien por ciento gloria.
Sin embargo y aún suponiendo que se podría decantar determinado sujeto colectivo o individual de todo su complejo andamiaje socio-psico-político debería tenerse sumo cuidado de caer en una clasificación superflua o apresurada. Y es que no podrá evitarse el peligro léxico de lo que representa lo atractivo de la gloria y lo repelente de la cruz. Lo paradisiaco suena siempre a confort y por tanto fácilmente podría caerse en la tentación simplista que relaciona toda fortuna con positividad, optimismo, altruismo y triunfo. De otro lado a la cruz, por similar camino de superficialidad, podría asociarse fácilmente a la opción pesimista por lo negativo. Al sufragio por el paraíso podría conectarse el sentido innato de búsqueda del bienestar con el que cada ser viviente está dotado y en el que subyace la base de todo desarrollo. A la elección del via crucis podría vincularse lo desagradable, patético y hasta cierto modo masoquista de vivir. Que un individuo, movimiento o grupo no se encuentre signado por el remolino del flujo migratorio hacia Manhattan ya podrá resultar un fenómeno raro en sí mismo, pero que se oriente a los leprosorios de la India o las favelas del Brasil ya resulta en sí un escándalo. ¿Y cuál es el verdadero triunfo? ¿El del grupo que ha logrado establecer una lujosa catedral en el mismo centro comercial del mundo o el que ha plantado una sencilla tienda para satisfacer auxilios espirituales o físicos en medio de uno de los numerosos y cada vez más abundantes campamentos para desplazados en el submundo?

En la Cuba de hoy tal vez el reto más grande, ante la política que el régimen viene trazando desde su cambio de estrategia en 1992, de persecución y represión directa a manipulación y chantaje, sea el de privarse de la gloria de los beneficios institucionales, que por derecho propio corresponderían en cualquier estado de derecho, para tomar la cruz del privarse de la inclusión en la canónica lista estatal del Registro de Asociaciones del Ministerio de Justicia; o de estar en dicha manipulable lista por herencia desde el 1959, de atenerse a recibir las sanciones de no recibir permisos de salida (cartas blancas), ni de obtener visas religiosas para hermanos de otras latitudes, ni de recibir autorizos para construcción o reconstrucción de templos y otros edificios religiosos, ni de compra de autos o hasta de conexión de un simple teléfono, por no hablar del acceso a internet o al correo electrónico… Cargar la cruz de ser expuesto a campañas difamatorias, vigilancia y acoso constante, amenazas y detenciones; todo por no callar priorizando la búsqueda del Reino de Dios y su justicia que supone una lógica identificación con los derechos humanos y no una aceptación pasiva del status quo del Herodes de turno.   

No se trata de construir tablas periódicas a lo Mendeleiev para clasificar a tal o más cual grupo o secta prosiguiendo la ya larga historia de contiendas emprendida desde que Jacobo y Juan pretendieran hacer descender fuego del cielo para consumir a los samaritanos[9]. Ni que los términos cruz y gloria se conviertan en categorías añadibles al ya atestado banquete de las dicotomías de bueno o malo, negro o blanco, revolucionario o contrarrevolucionario, patria o muerte… Se trata de revisar, antes que el nombre o apellidos denominacionales, el qué puedo hacer aquí y ahora, en este ya y todavía no, por obrar como Jesús en medio de un sistema en decadencia como el que languidece en Cuba. Sabiendo sí que a toda cruz sobreviene la resurrección, pero no ocupándome de la una sin haber sido partícipe de la otra, porque la matemática bíblica es la de que el que se humilla será exaltado y el que se exalta será humillado[10].    

Ya San Pablo tuvo el merito de aseverarlo desde el siglo I: Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz[11]. Es un honor inmerecido para cualquier creyente cubano, en vez de hacer el juego a un régimen que le hace guiños desde 1992, representar a Jesús paleando el dolor de su pueblo señalando con el dedo al dictador.
 

Mario Félix Lleonart Barroso

Pastor de las iglesias bautistas en las comunidades de Taguayabón y de Rosalía

Profesor de Nuevo Testamento en el Seminario Teológico Bautista Luis Manuel González Peña
Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad de la Habana y Master en Teología por el Seminario Evangélico Los Pinos Nuevos y por la Facultad Latinoamericana de Estudios Teológicos (FLET, hoy Laurel University).

A pesar de ser pastor en activo con reconocimiento de la Convención Bautista de Cuba Occidental ya en este año 2011 el régimen ha llegado al extremo de detenerlo arbitrariamente en dos ocasiones: el 23 de febrero por levantar su voz en favor de dos mujeres (Juana Oquendo y Lilia Castañer) que eran forzadas a ocupar un auto en su presencia, y el domingo 26 de junio, para impedirle participar en un servicio religioso en la Iglesia Metodista de Santa Clara cuyo pastor Yordi Alberto Toranzo estaba siendo expulsado por el obispo Ricardo Pereira Díaz cediendo a presiones gubernamentales.

Su mensaje profético ante el gobierno es ejercido contra el gobierno desde su blog personal http://www.cubanoconfesante.com y desde su cuenta twitter @maritovoz


[1] La Habana: Ciencias Sociales, 2006; pp. 43-44.

[2] La Habana: Editora Cultura Popular, 1977.

[3] Año en que el carácter de la Constitución cubana cambia de ateo a laico.

[4] Ya no sorprende tanto encontrar notas de prensa emitidas por jerarquías eclesiales publicadas en medios como el Granma, especialmente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, impensable antes del 1992. Sirva de ejemplo las nota aparecida a raíz de las elecciones de la Asamblea Nacional del Poder Popular del 20 de enero del 2008 y publicada en la página 2 del Granma del martes 26 de febrero.   

[5] Anónimo. Algunas notas sobre León Tolstoi y su “Ana Karenina” En: Tolstoi, León. Ana Karenina. — La Habana: Imprenta Nacional, 1962. — Volumen I, sin paginar.

[6] Lenin, V. I. León Tolstoi, espejo de la revolución rusa.— En: Acerca de la religión: Recopilación de artículos.— Editorial Progreso, Moscú, 1973.— p. 14-15

[7] Hart Dávalos, Armando. “Ser culto es el único modo de ser libre”. — En: Granma. Viernes 14 de marzo del 2008; p. 2

[8] Mateo 7.16

[9] Lucas 9.54

[10] Mateo 23.12

[11] Filipenses 2.5-8

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