En la década de los años cincuenta, en el Canal 6 de la televisión cubana, la denominada CMQ Televisión, existía un programa de corte didáctico, centrado en cuestiones morales y cívicas, conducido por el Padre Jaime Aldeaseca, un sacerdote de origen español, que se transmitía cada domingo en el horario nocturno, después del Noticiero.

El espacio televisivo estaba patrocinado por “Rodríguez y Cía.”, un importador de víveres y productos españoles, y en él se hacía la propaganda de algunos de sus productos, tanto del arroz “Jon Chí”, como del aceite “Chaval” y los frijoles “Bola Roja”. La locutora principal era María Antonia Fariñas. El productor de ese programa era quien esto escribe.

El Padre Aldeaseca, un hombre culto, parco, de trato afable y respetuoso y altamente profesional, respondía absolutamente por el tema y el contenido de sus disertaciones. Tenía por costumbre llegar sólo unos minutos antes del comienzo de la transmisión (nunca más de diez o veinte), al Estudio 17  del FOCSA, desde dónde, en un modesto “set” al fondo del mismo, ésta salía al aire,  y en ese corto tiempo nos poníamos de acuerdo en los aspectos principales de la misma, fijando los diferentes cortes y tiros de cámara que le iba a hacer, los momentos en que éstos se producirían, y otras cuestiones, auxiliado por el “coordinador” quien, a mi indicación desde la cabina de producción, le transmitiría la señal para mirar a una u otra cámara (siempre se utilizaban dos), en el momento del corte, con el objetivo de que se produjera de forma normal y sin ningún “bache”. Aquí se coordinaba también lo relacionado con el audio, las luces y la labor de los camarógrafos.

El programa comenzaba, después de la identificación del Canal, con la imagen de una bola del mundo girando, sobre la cual aparecía el texto de identificación del mismo: “MIENTRAS EL MUNDO GIRA”. Se pasaba de la imagen cinematográfica, mediante un corte, a una bola del mundo real (de las utilizadas en las escuelas) también girando, en un tiro de cámara cerrado que se abría lentamente, dejando ver al Padre Aldeaseca sentado y la bola del mundo a su izquierda, en un plano medio. Entonces presentaba el tema, después de dar las buenas noches, y comenzaba su disertación. La primera mitad del programa (en total duraba 27 minutos) se realizaba con cambios de planos del disertante, con el objetivo de ganar en movilidad, hasta el comercial central. Después del comercial continuaba la disertación hasta su despedida, donde se cerraba nuevamente sobre la bola del mundo real y se hacía un corte rápido hacia la imagen inicial de la bola del mundo girando, sobre la cual se superponían los créditos finales, tanto artísticos como técnicos.

Ésta era una transmisión totalmente “en vivo”, que se hacía saliendo directamente al aire, sólo con las puntualizaciones previas, señaladas anteriormente. Una vez que cesaba la transmisión y el Canal continuaba con su programación, el Padre Aldeaseca esperaba en el Estudio, a que saliéramos de la cabina de producción y nos daba la mano, en señal de despedida, a todos (productor, musicalizador, técnico de audio, luminotécnico, inspector de Estudio, etcétera). Ya lo había hecho anteriormente con el personal dentro del Estudio (locutora, coordinador, auxiliar, camarógrafos, operador de audio, luminotécnico, etcétera). Su figura alta, todo vestido de negro, se perdía hacia el gran portón, desde donde comenzaba la rampa de entrada y salida de los Estudios 17 y 19 hacia la Calle 19.

Así cada domingo, lloviera, tronara o relampagueara. El programa estuvo en el aire hasta los primeros meses de enero del cincuenta y nueve, donde cada vez se hizo más difícil mantenerlo, pues aunque nunca fue un programa de corte político, lo que el Padre Aldeaseca planteaba sobre civismo y moral en sus disertaciones, no podía escapar de ello, aunque fuera por simple inducción o interpretación de quienes lo veían y oían. Con la desaparición del mismo, perdí el contacto con el Padre Aldeaseca. Posteriormente me enteré que, en un canal televisivo de Miami, tenía un programa similar. Mucho después, que había fallecido. “Mientras el mundo gira” nos unió casualmente, en las noches de muchos domingos de la Cuba de los años cincuenta. El sacerdote culto, parco, de comunicación fácil, a través de la pequeña pantalla, que puso su grano de arena en la educación cívica y moral de muchos cubanos, incluido quien esto escribe, siempre permanecerá en mi memoria y en mi corazón.

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